¿Qué pasa cuando la autoexigencia y el bienestar laboral entran en conflicto?
Durante años creí que la excelencia se premiaba con reconocimiento, oportunidades y éxito. Y sí, se premiaba. Pero no me di cuenta de que el precio lo estaba pagando yo.
Fui una profesional autoexigente. Muy autoexigente. De las que aprovechan cada segundo, convierten el descanso en debilidad y la productividad en identidad. ¿La recompensa? El aplauso externo… y un desgaste interno que fue creciendo en silencio.
Autoexigencia y bienestar laboral: una tensión silenciosa
Mientras más rendía, más se esperaba de mí. Me formaba sin parar. Dirigía dos emprendimientos a la vez. Trabajaba por cuenta ajena. Y si me sobraba un rato… lo usaba para aprender algo “útil”. Porque, claro, ¿cómo iba a perder el tiempo leyendo una novela?
Incluso el ejercicio formaba parte de la ecuación: debía ser eficiente, retador y medible. Nada de hacer yoga por placer o caminar sin rumbo. Todo debía rendir.
Hasta que llegó el colapso. Mental, emocional… y casi físico. Empecé a desenamorarme de mi propio proyecto. Y ahí supe que había que cambiarlo todo.
¿Cómo afecta esto a tu empresa?
Lo que viví a nivel individual, lo veo reflejado cada día en equipos enteros. La autoexigencia se ha convertido en un valor silencioso dentro de muchas organizaciones. Se premia. Se aplaude. Pero pocas veces se acompaña.
Y lo que empieza como implicación… termina en burnout.
¿Cuál es la alternativa?
En Alegroterapia trabajamos con empresas que se han dado cuenta de que el bienestar laboral no puede ser un eslogan. Tiene que sentirse en el cuerpo. Por eso diseñamos experiencias que permiten a las personas:
- Soltar la tensión acumulada
- Reconectar con el disfrute
- Reprogramar la relación con la productividad
Contáctanos aquí si quieres que tu equipo rinda, sí… pero sin quemarse.
Pequeños cambios que transforman mucho
Hoy entreno, sí… pero elijo moverme con cariño. Escucho música, no solo podcasts. Leo por placer. Bailo sola. Dejo que la productividad aparezca, pero no que lo controle todo.
Y tú, ¿cuándo fue la última vez que hiciste algo solo porque te hacía bien?
Fuente externa: Psicología y Mente – La trampa de la autoexigencia
